Quizá la rama (en la quima) del saber que constituye el objeto del libro, es donde la actitud del profesional se manifiesta más enconadamente contra el aficionado. En más de una ocasión hemos hablado de este asunto. Y no puedo decirle otra cosa que la que siempre le dije; habrá que contestar a la crítica del profesional de la siguiente manera: “Si Vd. hubiera hecho mi trabajo, que seguramente sería mejor que el mío, ni se me hubiera pasado por la cabeza hacerlo yo.

Vocabulario de Cantabria
Adolfo López Vaque

El porque surge esta asociación es algo fácil de explicar, pero con una pequeña historia que contar. Cuando en el año 1999 reconstruimos nuestro gallinero y llegado el momento de poblarlo, nos surgió la duda de con que. La verdad es que tardamos poco en decidirnos por nuestra emblemática gallina, la Pedresa. En este punto inicial, nos topamos con la primera y gran dificultad, no encontrábamos ejemplares con que cumplir nuestro deseo. Comenzamos a buscar preguntando aquí y allá, de un pueblo a otro pueblo, hablando con este y aquel, todos sabían lo que buscábamos pero nadie las tenía, que si un pariente en tal pueblo, que si un amigo en otro, en fin, que así anduvimos durante un año buscando las pedresas, pero por fin, después de tantos kilómetros, charlas y hacer un poco de detectives, dimos con ellas. Y resultó que no demasiado lejos de casa. Una vez conseguidos estos primeros ejemplares y llevados por la inercia adquirida, no hemos parado en nuestras excursiones para localizar individuos de diferentes orígenes con el fin de enriquecer, en la medida de lo posible, nuestro gallinero. Un par de años más tarde llegó el lote procedente de Diputación y con él, el trabajo publicado por Madariaga. Y unos meses después, nos encontramos con el artículo de Orozco y con él surgió la confusión, ya que en dicho trabajo, para nosotros incomprensiblemente, se proponía un concepto completamente contrario para el mismo animal, conservando casi exclusivamente el nombre.

Esta circunstancia, nos movió desde ese momento a que, a la par que buscamos en el campo ejemplares, el intentar encontrarlos también en los libros. Todos y cada uno de los hallazgos que han ido apareciendo desde entonces nos han conducido en la misma dirección. Dirección que es contraria a la teoría moderna expuesta por Orozco en el año 2000 de como es nuestra gallina.

Hoy en día, y a pesar de la magnífica labor realizada por toda la gente que mencionamos en capítulos anteriores, continúa habiendo una no deseable heterogeneidad de tamaños y formas que se cobijan bajo la denominación de pedresa. Hecho este que impide, que a pesar de la tremenda historia que tiene, como así creemos ha quedado demostrado en estas páginas, a día de hoy todavía no sea reconocida oficialmente como raza.

Al formar esta asociación pretendemos como primer y fundamental objetivo, que los cántabros tengan un referente a la hora de criar sus pedresas, con el propósito de que los posibles interesados en la raza lo tengan más fácil de lo que lo tuvimos nosotros y por supuesto muchísimo más fácil de lo que lo tuvieron todos aquellos que nos precedieron. Para ello ponemos a disposición de cualquier interesado por nuestra raza toda la información acerca de la misma, su historia, su morfología, su carácter, con el fin de evitar a quien pretenda criarlas haga cruces innecesarios, que sólo llevan a la pérdida de su identidad y por consiguiente a la pérdida de parte del patrimonio de Cantabria.

Somos conscientes que el nuevo patrón viene avalado por la firma de grandes autoridades en la materia, pero desde nuestra humilde posición, no podemos estar de acuerdo con él. No nos sirve que tanto el recuerdo que se tiene de ellas, aspecto este fundamental, como todas las referencias aparecidas en tiempos pretéritos se salden con un simple “lo que no concuerda con las poblaciones que hoy tenemos(20), ya que el hecho de que ellos no encontraran poblaciones significativas tal y como eran descritas anteriormente, significa de ninguna manera que no hayan existido (como creemos ha quedado demostrado) y mucho menos que no se puedan conseguir, porque ejemplares con las mencionadas características se encuentran.

La intensa mezcla a la que ha estado sometida nuestra gallina, recordad las recomendaciones que hay para cruzarla, sobre todo con la gallina americana, ha hecho que muchas de sus características se hayan difuminado con el paso del tiempo. Entre esas características perdidas, no sólo se encuentran la famosa orejilla blanca-crema y el pequeño-mediano tamaño (jamás grande), sino también el carácter agreste del gallo pedrés. Si una cosa aprendías de pequeño era a no entrar en el corral de las gallinas si rondaba el pedrés o te arriesgabas a que te diera una buena carrera. Hoy en día es difícil encontrar un gallo así. Los pedreses son de carácter fuerte, lo que les permite imponerse a gallos de mayor corpulencia cuando conviven con ellos, como pueden ser los castellanos negros, los Prat o villafranquinos, quedando a la par de los gallos de león y sólo superados por el temible combatiente, característica esta, que a más de un niño le ha costado un apodo.

En estos días, se escuchan comentarios no sólo acerca de que la Pedresa es una gallina grande, sino que además tiene un nivel bueno como ponedora. Si en verdad hubiese tenido cualquiera de las dos cualidades no hubiera sido barrida del mapa como lo fue. A la hora de producir carne, es una simple cuestión de genética. De donde no hay no se puede sacar. Criados a base de cereal dan una carne excelente, como apuntara Crespo hace casi un siglo, pero en cantidad sale lo justo. En cuanto a su condición de ponedora, en igualdad de condiciones, la Pedresa puede ganar a casi cualquier otra raza, eso sí, siempre y cuando esas condiciones estén igualadas por lo bajo. Esa era y es la principal virtud de nuestra gallina. Su capacidad de trabajo en condiciones duras. La primera condición, el tamaño, aunque es mejorable, no pensamos que deba sufrir cambio alguno, ya que de producirse, estaríamos cambiando su esencia. Sobre su capacidad de ponedora, sería recomendable una mejora y es un objetivo en el que trabajar.

Obviamente, el trabajo a realizar es mucho mayor, al intentar recuperar la gallina tal y como era, que dedicarnos simplemente a reproducir los ejemplares que fácilmente encontramos para hacer número. La cuestión radica en que, nosotros entendemos a la Pedresa como algo indivisible del patrimonio de Cantabria, como parte de nuestro patrimonio cultural y por lo tanto merecedora de todos los esfuerzos para conservarla, por lo que no nos vale cualquier cosa. Y no nos vale por eso mismo, por que al ser patrimonio, tiene que ser algo real. No nos sirve nada que huela a fabricado, dirigido o inventado, sin llegar al extremo de las palabras de Eugenio D’Ors: “todo lo que no es tradición es plagio”, pero sí en esa dirección. Tenemos suficientes testimonios escritos a lo largo del siglo pasado (Llano-Cubría-Castelló-Crespo-Madariaga) para saber como era y así es como debe de ser. Por ello, como se hace cuando se restaura cualquier objeto y salvando las distancias, lo que debemos hacer es precisamente eso, “restaurar” a partir de lo que nos queda, no fabricarlo de nuevo, no redefinirlo, ya que con ello estaríamos falseando ese patrimonio nuestro. ¿Qué necesidad tenemos de convertir a nuestra gallina campera en una gallina de establo más?. ¿Qué necesidad tenemos de convertir nuestra gallina en algo que ya existe y tiene nombre?. Puede que haya quien piense que de esa manera, transformando a nuestra gallina en otra más productiva en condiciones de establo se asegura su supervivencia, pero parecen no darse cuenta que lo que realmente están haciendo es precisamente lo contrario, condenarla a desaparecer tal y como es, con sus virtudes y sus defectos, sustituyéndola por otra que nada tiene que ver con nuestra historia. Elegimos buscar, conservar y fomentar nuestra gallina de toda la vida, frente a participar en la fabricación de algo que se parece mucho, permitidnos la comparación, al filial de un equipo (Plymouth-Pedresa).

Sin ánimo de hacer de esto una cruzada, nos limitamos a expresar nuestra opinión a la par que nuestras intenciones, aunque más bien podríamos decir deseos, que no son otros que el de ver a nuestra gallina campera por los “praos” de La Montaña y que esa gallina sea lo más parecida a la que fue, chiquituca y de las que pacen. Que dentro de 30 o 40 años, cuando a algún paisano nuestro le de por leer la obra Manuel Llano, pueda identificar sin problemas lo que en ella describe y no precisamente por encontrar una paloma de tres kilos y medio. Por todo ello ¿quién mejor que Madariaga para marcarnos el camino a seguir?.

 

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